top of page
Buscar

Cuando el Portafolio Docente nos obliga a mirar lo que hacemos cada día

  • Foto del escritor: Constanza Romero P.
    Constanza Romero P.
  • hace 4 días
  • 3 min de lectura
Constanza Romero escribe en cuaderno en aula infantil; póster de ALD con texto sobre el portafolio y reflexión diaria.

Cada vez que comienza un nuevo proceso de Carrera Docente ocurre algo curioso.

Las conversaciones cambian.

Las preguntas cambian.

Las preocupaciones cambian.

De pronto aparecen temas como los módulos, las tareas, los plazos, las rúbricas y los criterios de evaluación. Y sin darnos cuenta, comenzamos a mirar nuestra práctica a través de los ojos de quien la evaluará.

Es comprensible.

Después de todo, el resultado de este proceso tiene consecuencias importantes para nuestra trayectoria profesional.

Sin embargo, existe un riesgo silencioso.

Que el Portafolio termine ocupando tanto espacio en nuestros pensamientos que olvidemos algo fundamental: antes de ser una evaluación, nuestra labor sigue siendo acompañar el desarrollo de niños y niñas que confían en nosotros cada día.


Lo que el Portafolio realmente intenta observar


Cuando revisamos con atención el Manual Portafolio 2026, encontramos una idea que se repite constantemente.

No se trata de recopilar evidencias por cumplir.

No se trata de escribir respuestas perfectas.

No se trata de demostrar que conocemos conceptos técnicos.

Lo que el sistema intenta observar es algo mucho más profundo:

¿Cómo tomamos decisiones pedagógicas?

¿Conocemos realmente a los niños y niñas con quienes trabajamos?

¿Somos capaces de reflexionar sobre nuestras prácticas?

¿Generamos experiencias significativas para el aprendizaje?

En otras palabras, el Portafolio busca acercarse a aquello que hacemos todos los días, aunque muchas veces no le demos el valor que merece.


La caracterización: mucho más que una tarea


Quizás uno de los mejores ejemplos es la caracterización de los niños y niñas.

Para algunas educadoras puede parecer una tarea más dentro de una larga lista de requerimientos.

Pero si lo pensamos bien, caracterizar a nuestros niños y niñas es una de las acciones más importantes de nuestra profesión.

Porque nadie puede enseñar de manera pertinente a quien no conoce.

Cuando observamos sus intereses, identificamos sus fortalezas, comprendemos sus necesidades de apoyo y construimos vínculos con sus familias, estamos realizando mucho más que una exigencia del Portafolio.

Estamos ejerciendo el corazón de nuestro rol profesional.

Y eso ocurre mucho antes de que exista una plataforma donde escribirlo.


Lo que ninguna rúbrica puede medir completamente


Hay aspectos de nuestro trabajo que difícilmente caben en una respuesta escrita.

La conversación que tranquiliza a una familia preocupada.

La observación que permite detectar una necesidad a tiempo.

La adaptación espontánea de una experiencia porque el grupo necesitaba algo diferente.

El abrazo que contiene.

La palabra que anima.

La mirada que reconoce.

Sabemos que estos momentos forman parte de la educación parvularia.

Y aunque algunos de ellos puedan verse reflejados indirectamente en el Portafolio, su verdadero valor trasciende cualquier instrumento de evaluación.


Una invitación distinta para este año


Quizás este proceso pueda convertirse en algo más que una obligación.

Quizás sea una oportunidad para detenernos y observar nuestra práctica con otros ojos.

No para buscar errores.

No para demostrar perfección.

Sino para reconocer todo aquello que hacemos cotidianamente y que muchas veces pasa desapercibido incluso para nosotras mismas.

Porque detrás de cada evidencia existe una decisión profesional.

Detrás de cada planificación existe una intención pedagógica.

Y detrás de cada aprendizaje existe una educadora que ha dedicado tiempo, reflexión y compromiso para hacerlo posible.


Más allá del resultado


Cuando llegue el momento de enviar el Portafolio, es probable que aparezcan nuevamente las dudas y la incertidumbre.

Es natural.

Pero ojalá no olvidemos algo importante.

El resultado que obtengamos hablará de un momento específico de nuestra trayectoria profesional.

Nuestra labor, en cambio, continúa cada día.

Continúa en cada niño que descubre algo nuevo.

En cada familia que encuentra apoyo.

Y en cada oportunidad que tenemos de contribuir al desarrollo de una infancia más plena.


Porque el verdadero valor de nuestro trabajo nunca ha estado únicamente en una evaluación.

Está en la huella que dejamos en la vida de los niños y niñas que acompañamos.

Por eso, más allá del resultado que obtengas este año, te invito a darte la oportunidad de mirar tu práctica con orgullo, con honestidad y también con curiosidad.

A reconocer todo aquello que ya has construido y a identificar lo que aún puedes seguir fortaleciendo.


Porque nadie crece profesionalmente en aislamiento. Crecemos cuando reflexionamos, cuando compartimos experiencias y cuando encontramos espacios donde nuestras preguntas también tienen lugar.

Mi deseo es que este proceso no sea solo una evaluación más, sino una oportunidad para seguir aprendiendo, creciendo y construyendo, junto a otras educadoras, una práctica cada vez más consciente y significativa.


Nos seguimos encontrando en este camino.



Guía de regalo "Objetivos específicos: la base de una planificación coherente."
Da tus primeros pasos en tu Portafolio Docente para Educadoras de Párvulos con la Guía Gratuita de regalo, HAZ CLIC en la imagen

 
 
 

Comentarios


bottom of page